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¿Dónde está el poder?

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Por Andrés Lajous

El Universal, 3 de diciembre de 2009

Hace un par de años el filósofo Slavoj Zizek publicó un controvertido texto en una revista inglesa: “Resistir es rendirse”. Era una larga crítica a las izquierdas en el mundo, pero en particular a un sector de la izquierda internacional que tomó como lema una idea proveniente del neozapatismo mexicano: “Cambiemos el mundo sin tomar el poder”.

Esta es una idea atractiva no sólo para quienes se consideran de izquierdas, sino para cualquiera que desconfíe del ejercicio del poder y de sus representantes. Es una idea que deja implícito que el problema es el poder mismo, no sólo quien lo ejerce. A Zizek, semejante desconfianza, pero sobre todo sus implicaciones en la acción política, le parecen un despropósito. Para él, cualquier iniciativa política seria tiene que tener como objetivo tomar el control del Estado, no sólo resistirlo y rendirse.

Hay algo atractivo en el razonamiento de Zizek: renunciar por completo al ejercicio del poder suena a perder causas que a uno le interesan. El problema de su argumento es que peca de conceder el mismo supuesto que concede la máxima neozapatista. ¿Acaso el poder sólo reside en las instituciones centrales del Estado? Si no sólo reside en esas instituciones, ¿dónde está?

En México hemos vivido en los últimos 20 años un proceso de ciudadanización. No sólo nos reconocemos como individuos privados, integrantes de grupos tradicionales o gremiales, sino como portadores de derechos reconocidos por el Estado. Esto es obvio en el caso de las credenciales de elector que nos permiten participar en procesos electorales, pero también en casos paradigmáticos que han llegado a la Corte en los cuales se reconoce el derecho a exigir el reconocimiento de derechos civiles ante la autoridad.

Sin embargo, ciertos momentos y eventos dejan ver el surgimiento de una forma más potente de ciudadanización. Una en la que esos derechos reconocidos por igual no sólo se ejercen cada tres años o de forma reactiva, sino como parte del sistema democrático de contrapesos. Es decir, la ciudadanía no sólo como una condición pasiva, sino como conjunto de instrumentos activos.

Entonces, ¿dónde reside el poder? Reside, sí, en las instituciones de los gobiernos, pero también en la ciudadanía como institución dispersa que se puede activar como contrapeso a quienes gobiernan. Ciudadan@s que vigilan, denuncian y evalúan. No resisten al poder (no se rinden), sino que lo invaden, lo ejercen, lo toman por sorpresa. Quienes ocupan posiciones de responsabilidad pública tendrán que saber eso. Que no podrán esconderse entre colegas que los solapen, que el poder vigilante que normalmente se atribuye a las agencias de gobierno, desde la ciudadanía, se puede ejercer en sentido contrario. El ojo del “Gran Hermano” no es exclusivo a los gobiernos, puede ser un instrumento de la ciudadanía como contrapeso frente a quienes gobiernan.

La idea de la ciudadanía como contrapeso invoca muchas preguntas, entre ellas ¿y eso cómo se construye? La vigilancia desde la ciudadanía es un estado de alerta intermitente en cada ciudadano, pero permanente en el agregado de iniciativas individuales. Por esa razón las grandes movilizaciones como instrumento prediseñado de presión y protesta suelen gastar más energía que los resultados que logran. En esos mares de gente, el número gana a los argumentos y la “vigilancia” se pierde en el movimiento mismo.

Hay otros métodos, unos que se van probando en ciertas discusiones, y otros que falta poner a prueba. Las campañas #internetnecesario y ¡Ya Bájenle! son una muestra de lo que se puede hacer desde la colectividad pero reconociendo a los individuos. Esto no significa renunciar a las manifestaciones públicas, sino pluralizarlas y generalizarlas. Manifestaciones que pueden tener pequeños pero consistentes éxitos si logran contar nuevas historias que hagan visible algo antes invisible y convencer y sumar simpatizantes que quieran ser parte de esas historias.

Las manifestaciones que sólo pretenden autoafirmarse no suelen llegar muy lejos, por eso si hay ciudadn@s que quieren ser un contrapeso no pueden serlo sólo en referencia a sí mismos, tienen que serlo al ejercer el poder mientras lo enfrentan.

Activista político

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Written by albertoserdan

3 diciembre 2009 a 16:22

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